Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,
La Navidad resplandece como una temporada de alegría, unidad y esperanza renovada. El Niño de Belén viene a reunirnos como una sola familia de fe, superando toda distancia y sanando toda división. Su luz radiante atraviesa la oscuridad y nos recuerda que en Cristo el amor triunfa y la paz perdura.
Al reunirnos nuevamente en torno al pesebre de Belén, nuestros corazones se llenan de asombro y gratitud por el don del amor de Dios hecho visible en Jesucristo. En Navidad, nos regocijamos en el maravilloso misterio de la Encarnación: Dios hecho hombre, que habita entre nosotros para compartir nuestra humanidad, nuestras alegrías y nuestras penas. En El, el cielo y la tierra se unen, y por medio de El somos reconciliados con nuestro Creador. El nacimiento de nuestro Salvador revela que el amor de Dios no conoce fronteras.
Los invito a celebrar esta santa temporada con un renovado agradecimiento por el don que somos los unos para los otros. Que sigamos el ejemplo de la Sagrada Familia, que con fe y amor acoge la voluntad de Dios con confianza y serenidad. Que la alegría de esta Navidad fortalezca los lazos de unidad entre nosotros, y que la paz de Cristo reine en sus corazones y en sus hogares.



