Nuestra Señora de Guadalupe: Una imagen para nuestros tiempos

Obispo Michael F. Burbidge

An image of Our Lady of Guadalupe is seen as pilgrims mark the feast of Our Lady of Guadalupe with songs and the recitation of the rosary in St. Peter’s Square at the Vatican Dec. 12, 2021. (CNS photo/Junno Arocho Esteves)

20211213T0745-POPE-GUALDALUPE-ROSARY-1514066 web

Hemos oído decir que “una imagen vale más que mil palabras”. Eso es muy cierto al contemplar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, a quien recordamos en su día de fiesta el 12 de diciembre. Esta milagrosa imagen fue un regalo de Dios al pueblo de México en un momento en que necesitaba desesperadamente conocer a Jesús. Este acontecimiento, junto con el testimonio posterior del pueblo mexicano, es fuente de inspiración para nuestra fe y nos ayuda a acercarnos más a Jesús.

A comienzos del siglo XVI, la población azteca nativa había alcanzado un nivel sin precedentes. El culto a los dioses paganos y numerosos rituales de sacrificios humanos estaban ampliamente propagados. Los misioneros cristianos españoles comenzaron a llegar en 1521, apenas una década antes de que la milagrosa imagen de María impresa en una tilma, o capa, fuera presentada por San Juan Diego, un campesino indígena, a Monseñor Zumárraga, el primer obispo de México.

La imagen nos enseña y al mismo tiempo nos cuenta una historia. Un manto verde azulado, el color de la realeza azteca, envuelve a María y denota que es reina. El cinturón negro que lleva puesto sobre la cintura, un cinturón azteca de maternidad, la presenta como madre. La singular flor de cuatro pétalos de la túnica está colocada directamente sobre su vientre. Para los aztecas, esta flor simboliza el Dios que está en el centro del universo y es el creador de la propia vida. Con todo, la cabeza inclinada y las manos juntas en actitud de oración orientadas hacia la cruz en el broche del cuello nos llevan a uno más grande que ella, al Dios que es su hijo. Su túnica color de rosa es un mapa topográfico de la zona que rodeaba la colina del Tepeyac, donde San Juan Diego vio la aparición y donde debía construirse el santuario que ella pidió. María está de pie frente al sol, el dios más venerado en la creencia azteca. Por último, tiene los pies sobre la luna, revestida con las estrellas de la noche, que son otras dos representaciones de los dioses aztecas.

El simbolismo es claro: esta mujer es la Reina del Cielo, la Madre de Dios. El Niño Dios, que descansa en el vientre de su madre, y ella misma son más poderosos que todos los dioses paganos. A medida que se propagó la veneración de esta milagrosa imagen de Guadalupe por todo México, un masivo número de personas pertenecientes a la población indígena se convirtió al cristianismo.

Esta milagrosa imagen de María es una imagen para todos los tiempos. Nuestra Señora de Guadalupe es la Reina del Cielo. Ella es una excelente intercesora por las necesidades de quienes acuden a ella. Desde el triunfo en las batallas de Lepanto, hasta la ayuda a las familias en casos de esterilidad y de milagrosa sanación mental, física y espiritual, ella escucha e intercede ante su Hijo por su pueblo. Ella es la Reina de México, la Patrona de las Américas y la Emperatriz de América Latina.

Nuestra Señora de Guadalupe es nuestra madre. La familiaridad y ternura de una madre están presentes en la forma en que se dirige a San Juan Diego en su primera aparición: “Juanito, hijito mío”. Sus palabras hablan de una tierna relación, una relación que ella desea tener con cada uno de nosotros. En la Cruz, Jesús nos dio a su Madre para que fuera nuestra propia madre y la Madre de la Iglesia. María le dice a San Juan Diego, “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. A los 40 años de las apariciones, la población indígena solía llamar a Nuestra Señora de Guadalupe sencillamente Tonantzin, que quiere decir “Nuestra Madre”. En las apariciones, ella misma se llamó la “Madre de Todos”. María, la Madre de todos, se muestra atenta y compasiva para con sus hijos en necesidad. Hoy, Nuestra Señora de Guadalupe provee un cuidado maternal particular para sanar a las mujeres que han sufrido un aborto provocado o que llevan la carga de un aborto espontáneo y de la esterilidad.

Por último, Nuestra Señora de Guadalupe es la Madre de Dios. Su hijo es Jesucristo, Nuestro Señor y Salvador. Su imagen nos lleva a Él, la fuente de vida y de todo lo bueno. Desde el momento de su aparición a San Juan Diego, su misión ha sido recuperar a las ovejas perdidas de México, las Américas y el mundo para llevarlas a la presencia de su Hijo, Jesucristo.

En su fiesta y durante el segundo año del período de preparación para nuestro Jubileo de Oro, reflexionemos sobre ella como la Reina del Cielo, la Madre de Dios y madre nuestra. Que siempre dejemos que ella nos acerque más a su Hijo.

Related Articles