El reto de generar ambientes

Padre Álvaro Montero

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Hace años escuché un comentario de un jesuita anciano. Nos lo decía a un grupo de religiosos de mi orden (los Discípulos de los Corazones de Jesús y María). Una aclaración previa para entender mejor: los religiosos hacemos profesión de los consejos evangélicos de pobreza, virginidad y obediencia, y vivimos siempre en comunidad, gobernada por un superior local (uno de nosotros). Todas las casas de la orden religiosa están bajo el cuidado y gobierno de uno de nuestros religiosos, elegido cada seis años como superior general. Nosotros no elegimos nuestros destinos. Para actividades no directamente vinculadas a nuestra misión, pedimos permiso a nuestros superiores. Para compras de uso personal, en lo que sea extraordinario, también pedimos permiso y no tenemos cuenta bancaria propia. En fin, nuestra vida es la de un seguimiento corporal más radical de Cristo. Él nos ha elegido como sus amigos de un modo singular y Él es el gran amor de nuestra vida. Pues bien, decía el anciano jesuita: en mi habitación, yo soy el superior general. En otras palabras, cada religioso es responsable de tener su espacio bien ordenado y decorado, aunque sea con sencillez. El mensaje es muy interesante para todos. Hay cosas que nadie lo va a hacer por mí. No puedo culpar a otros si mi habitación no es un espacio acogedor o habitable. En mi pobreza y sencillez, estoy llamado a generar un ambiente propicio.

Una de las consecuencias del desarrollo extraordinario de la tecnología es el extraordinario desorden que puede traer a nuestra vida. Sí, somos capaces de muchas cosas buenas. Pero pagamos un precio alto en aspectos de nuestra vida, casi sin darnos cuenta. La realidad virtual puede fácilmente “desencarnar” nuestra vida. Nuestros hogares, conectados con pantallas y redes sociales, pueden ser dormitorio, oficina, centro de juego, sala de cine. Me hace gracia ver que podemos incluso elegir distintos fondos de pantalla al usar programas informáticos para las video conferencias. Basta un clic para cambiarlos. Limpiar y decorar una casa, sin embargo, requiere mucho más esfuerzo.

“Guarda el orden y el orden te guardará”, recomendaba San Agustín. Mi padre nos lo decía con otras palabras del refranero español: “Cada cosa en su sitio, y un sitio para cada cosa”. El problema es que hoy tenemos cada vez menos sitios y menos cosas. La gran mayoría de cosas que nos importan, están en un teléfono dentro de nuestro bolsillo. Quizás lo más difícil es dónde poner la lista de todas las contraseñas para entrar en los “sitios” donde están nuestras “cosas”. San Agustín decía también que la paz es la tranquilidad en el orden. Todo lo que he dicho hasta aquí apunta a este pensamiento: es nuestra responsabilidad y nuestro honor generar espacios que ya no existen (quizás existieron antes en nuestra vida), espacios donde vivir lo humano desarrollando relaciones personales profundas (en lo humano y en lo espiritual).

Generar espacios que se conviertan en ambientes porque los habitan personas capaces de conversación, de celebración e incluso de discusión civilizada. La evangelización pasa hoy necesariamente por generar vínculos interpersonales basados en la verdad y caridad. Son los vínculos los que convierten un espacio en un ambiente atractivo y capaz de cambiar el corazón de las personas. Esto se aplica a nuestras familias y a nuestras parroquias. Podemos tener espacios, pero ¿somos capaces de generar ambientes? Para ello es preciso elegir bienes y actividades que permitan que la persona se enriquezca en lo más profundo. Por ello es preciso potenciar los pequeños grupos donde suceda el milagro de la escucha mutua y la escucha de Dios, que suscitando en el corazón de cada hombre la respuesta a su plan de generar una vida más grande.

Meditemos en cómo María perseveraba en la oración con los apóstoles a la espera de Pentecostés y después de la efusión del Espíritu Santo. María, Madre de la Iglesia, al pie de la Cruz y en el Cenáculo, nos enseña a generar ambientes de fe, desde la oscuridad del Calvario al gozo del Espíritu. Cruz y Cenáculo apuntan al memorial de Cristo presente en la Eucaristía. Tú eres el “superior general” en tu casa y tu corazón.

El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

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