Abandonarse en Dios

Carmen Briceño

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¿Has escuchado hablar de la novena del Abandono de Don Dolindo Ruotolo? Es una hermosa novena que te ayuda a abandonar tus penas, preocupaciones y angustias al Señor.

Todos tenemos situaciones difíciles en las cuales nos sentimos impotentes. Queremos controlar las cosas y hacer que salgan a nuestra manera, pero la verdad es que no somos dioses y no podemos controlar la vida de los demás, las enfermedades, la política, el clima, y tantas cosas más.

Don Dolindo Ruotolo era contemporáneo del Padre Pio. Cuando venían personas desde Nápoles a visitar al Padre Pio, éste les preguntaba, “¿Por qué me vienen a ver a mí, si en Nápoles tienen al Padre Ruotolo que es un santo y tiene todo el paraíso en su alma?”

Su nombre, Dolindo, significa dolor; y fue lo que marcó su vida tanto de niño como de adolescente, y hasta su vida sacerdotal. En él se hizo realidad la profecía de un obispo que le dijo que sería mártir, no de cuerpo, sino de corazón. El Padre Dolindo sufrió dolores físicos, calumnias dentro y fuera de la Iglesia, rechazo, e incomprensión. En medio de tantos sufrimientos se convirtió en niño, abandonándose cada vez más profundamente al Señor. Él decía de sí mismo, “Soy totalmente pobre. Mi fuerza es mi oración, mi guía es la voluntad de Dios que me deja llevarme de su mano. Mi seguridad en el camino escabroso de la vida es la Madre celestial María”.

Don Dolindo también fue místico, y entre sus comunicaciones con el Señor nos llega la famosa Novena del Abandono. Cada día de la novena nos recuerda que debemos abandonarnos a Dios, sin miedos ni preocupaciones. Lo hermoso de la novena es que no sólo nos recuerda que debemos abandonarnos a Dios al decirnos en nombre de Jesús, “¿Por qué te confundes preocupándote? Déjame el cuidado de tus asuntos a mí y todo estará en paz. En verdad te digo que cada acto de entrega verdadera, ciega y completa a mí, produce el efecto que deseas y resuelve todas las situaciones difíciles.” Además, nos explica cómo debemos abandonarnos a Dios recordarnos que, “Abandonarse a mí no significa inquietarse, enojarse o perder la esperanza, ni significa ofrecerme una oración preocupada pidiéndome que te cambie tu preocupación en oración … abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartarse de los pensamientos de tribulación y ponerte a mi cuidado, para que sólo yo actúe”.

La novena nos pide que le digamos a Jesús, diez veces, llenos de confianza, “Oh Jesús, me abandono a ti, ocúpate tú de todo”. No se trata de ser flojos y no poner de nuestra parte; sino más bien, de ser niños en los brazos del Padre y reconocer nuestra incapacidad de resolver lo que nos agobia. Se trata de pedirle al Señor que venga y desate los nudos y se ocupe de nuestras vidas. Pero eso sí, tenemos que pedirle que se ocupe de todas las áreas de nuestras vidas. Muchas veces queremos que Jesús se ocupe sólo de aquello que nos agobia y nos entristece, pero no queremos entregarle todo. Queremos mantener el control y seguir viviendo el resto de la vida de nuestra manera. Así no funciona.

Quizás, nos sirva un ejemplo. Imaginemos un niño que tiene miedo de lanzarse de un trampolín a la piscina donde le espera su papá con los brazos abiertos. El niño tiene dos opciones, o se lanza al vacío y cae en los brazos del padre, o se queda temblando de miedo en el trampolín. No hay camino intermedio. De igual manera, o nos abandonamos a los brazos de nuestro Padre Celestial o nos quedamos como estatuas llenas de miedos y angustias.

Sería bueno que durante este mes observemos las diferentes áreas de nuestra vida y veamos si las hemos puesto en las manos del Señor o, por el contrario, si las mantenemos agarradas con puños cerrados. Es hora de soltar, es hora de confiar, es hora de decirle al Señor con completa confianza, “Jesús, ocúpate tú”.

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.

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