Año nuevo, alma nueva

Carmen Briceño

ADOBESTOCK.

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¿Ya hiciste tus propósitos para el año nuevo? ¿Qué cosas están en tu lista? Quizás pusiste rebajar unos kilos, ahorrar más dinero, comprar un carro nuevo o mudarte de casa.

Todo eso está bien pero no te olvides que eres alma y cuerpo. Es decir, además de los propósitos diseñados para la salud y el confort de tu cuerpo necesitas priorizar aquellas que se enfocan en tu alma. Recuerda lo que dijo Jesús: “Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?” (Mateo 16:26).

Nuestra alma necesita crecer, pero muchos piensan que el alma es como el cuerpo en que lo único que se necesita para que crezca es que pase el tiempo. Quieras o no, tu cuerpo va a madurar y a crecer por sí solo, pero no pasa lo mismo con el alma. El alma no crece con el pasar del tiempo, al contrario, puede decrecer. Hay muchas personas que de niños tenían almas grandes, pero ahora son adultos con almas pequeñas y marchitas. Por lo tanto, el alma requiere de atención e intención para crecer.

Para que un cuerpo esté saludable, es importante alimentarlo bien. De igual manera el alma necesita de una buena alimentación. Lo primero que necesita es alimentarse de la Santa Eucaristía. Jesús dijo que Él mismo es el pan de vida y que Su cuerpo es verdadera comida y Su sangre es verdadera bebida y el que come Su carne y bebe Su sangre permanece en Él (Juan 6:48-56). ¡Sin la Eucaristía estamos desnutridos y no tenemos vida! También debemos alimentarnos de la Palabra de Dios. Dice Jeremías, “cuando yo recibía tus palabras, las devoraba” (Jeremías 15:16), y Jesús nos dice claramente que “no sólo de pan vive el hombre; sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). ¿Cómo podemos crecer y ser adultos espirituales si no alimentamos nuestra alma? Imposible.

Para mantener la salud del cuerpo es necesario asearlo. ¡Cuántas enfermedades y dolencias se dan por falta de higiene! Los dientes se van pudriendo si no se cepillan, y el cuerpo se llena de bacterias si no se limpia. ¡Cuánto más nuestra alma! Cada pecado es una herida al alma. No hay manera más segura de enfermarse que mantener una herida abierta. La herida se infecta y el cuerpo se enferma. Dios sabe que necesitamos médicos para nuestra alma y por eso nos ha dado a los sacerdotes que, a través del Sacramento de la Confesión, limpian nuestras almas y le devuelven la salud. Debemos ser personas de confesión frecuente. Tal como a un niño se le cambia el pañal con frecuencia aun sabiendo que pronto lo va a volver a manchar, de igual manera debemos acudir a la confesión cada vez que nos manchamos con el pecado.

Dicen los expertos que un aspecto importante para la salud del cuerpo es el ejercicio. Estar sentado todo el día no le hace bien al cuerpo. Los músculos se atrofian y debilitan. Es necesario salir a caminar, jugar un deporte o hacer cualquier tipo de ejercicio. Esto no sólo ayuda a los músculos, sino que además, fortalece al corazón. De igual manera debemos ejercitarnos en la práctica de las virtudes. San Ignacio de Loyola creó todo un sistema de crecimiento espiritual para el alma llamado los “Ejercicios Espirituales”. Te sugiero que este año pongas como prioridad participar en unos de los retiros de los “Ejercicios Espirituales” para así fortalecer tu alma.

Por último, todos nacemos y crecemos dentro de una familia. Un bebé no puede sobrevivir por sí solo ya que depende de otros. Jesús nos ha dicho que, si no nos convertimos y somos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos (Mateo 18:3). Debemos recordar que por más adultos que seamos, necesitamos de nuestra familia, nuestra Madre y nuestra comunidad: la Iglesia. Necesitamos de los demás, necesitamos participar activamente con nuestros hermanos semanalmente en la Santa Misa, necesitamos colaborar con nuestros dones en la vida parroquial, necesitamos crecer juntos como familia dentro de nuestra comunidad diocesana. Dios nos ha dado esta hermosa familia y debemos crecer dentro de ella.

Para poner todos estos puntos en práctica te sugiero:

  1. Alimenta bien tu alma. Asiste semanalmente a la Santa Misa y recibe la Sagrada Comunión. Recuerda que antes de recibir la comunión te debes haber confesado con un sacerdote y si estás casado, debes hacerlo por la Iglesia. Si no estás casado por la Iglesia, habla con tu sacerdote a ver cómo puedes tomar pasos para arreglar esta situación. ¡Que hermoso sería que este año metas a Dios de lleno en tu matrimonio! Lee las escrituras. Utiliza herramientas como el Podcast de “La Biblia en un año” con Fray Sergio Serrano para conocer las escrituras más de cerca.
  2. Limpia tu alma. Ten como meta confesarte una vez al mes.
  3. Ejercita tu alma. Practica las virtudes. Haz un retiro de los Ejercicios Espirituales. Para más información puedes ver el ministerio Te Libenter Sociare (www.telibenter.org) que se dedican a ofrecer los ejercicios espirituales en español.
  4. Participa activamente en tu parroquia. Pon tus dones al servicio de parroquia. Este año ayuda como lector, ujier, catequista, ayuda a limpiar, reparte boletines o misales, o simplemente ponte a la disposición de tu sacerdote. 

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.

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