Es muy fácil dejarnos llevar por lo ordinario y pensar que la vida es aburrida. Pensamos que sólo los ricos y famosos tienen acceso a lugares hermosos y experiencias extraordinarias. ¡Eso no es verdad! El problema es que no sabemos ver. Nos hemos acostumbrado a tener los ojos fijos en pantallas y, por eso, no vemos la belleza que nos rodea.
Cuando eras joven, quizás, jugabas todo el día fuera de la casa. Montabas bicicleta, paseabas, disfrutabas con tus amigos. A medida que fuiste creciendo, te fuiste encerrando. Pasabas más tiempo adentro que afuera. El mundo se te volvió más pequeño mientras, supuestamente, más se te abría. Mientras más amigos en Facebook, menos amigos en la vida real. Mientras más interacción con las pantallas, menos interacción con el mundo real. La buena noticia es que no tiene que ser así. ¡Dios ha creado un mundo hermoso y lleno de sorpresas! No tienes que irte de vacaciones o salir del país para disfrutar de las maravillas que Dios ha creado. Sólo tienes que abrir los ojos y realmente ver con ojos nuevos el mundo que te rodea.
Hace unos meses quise salir por mi vecindario y realmente “ver” las hojas y las flores que me rodeaban. Llevé la cámara para tomarles fotos para ver las hojas y flores como si fuera por primera vez. Quería dejarme sorprender por Dios y por la belleza escondida en lo aparentemente “ordinario”. Me quedé asombrada y sin palabras de las maravillas que estaban en mi alcance. No podía creer la belleza del mundo “interior” que existía dentro de una flor. ¡Cuántas veces había pasado al lado de los lirios sin realmente mirarlos con atención! Al acercar mi cámara, podía ver los tonos rosados, morados, y amarillos que contenían estas flores y que nunca había visto por haber tenido una mirada superficial.
Al seguir explorado, tomé una foto de una flor rosada. Me quedé observándola un rato y decidí volver a fotografiarla, pero esta vez en blanco y negro para poder ver mejor sus texturas, sin distraerme por su color. ¡Fue como si otro mundo se hubiese abierto! Podía ver texturas que antes no percibía y me deje absorber por las formas de la flor y no sólo por su hermoso color.
Este pequeño ejercicio me despertó de una vida sonámbula a una vida despierta a las maravillas de Dios.
Es hora de despertar. Basta de dejarte absorber por pantallas, y contempla la belleza de Dios. Dios ha creado un mundo maravilloso y espera con ansias que lo descubras. Quiere que veas con asombro los patrones del tronco de un árbol, el polen escondido dentro una pequeña flor, las flores que nacen en las grietas del cemento y los colores originales de cada atardecer. Quiere que disfrutes de este mundo real que te ha regalado y que dejes de poner tu mirada en el mundo artificial.
Te invito a hacer este ejercicio todos los días. Sal por diez minutos y déjate sorprender. Así podrás descubrir, como dice el Salmo 19:1 que, “los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”.
Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.



