Ser agradecidos

Carmen Briceño

ADOBESTOCK

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El día de Acción de Gracias es una fiesta nacional donde estamos llamados a dedicar el día para hacer un inventario de todas las bendiciones de nuestra vida y dar gracias.

Lamentablemente, no todos lo viven de esta manera. Para muchos, este día es para jartarse de comida, pelear sobre la política, y luego, ir de compras hasta la madrugada. Vivir este día tan especial de esa manera es desperdiciar el día y la oportunidad que Dios nos da para abrir los ojos y darnos cuenta de lo bendecidos que somos.

La Biblia está llena de pasajes que nos invitan a darle gracias a Dios (Fil 4:6, Col 3:17, Sal 136: 1, Efes 5:20). De hecho, nos dice San Pablo que ser agradecidos es la voluntad de Dios para nuestras vidas (1 Tes 5:18).

Una persona agradecida no puede ser una persona envidiosa; ya que no se está comparando con los demás, sino que da gracias a Dios por lo que tiene y se maravilla de la generosidad de Dios con los demás. Una persona agradecida no puede ser orgullosa. ¿Orgullosa de qué? ¡Todo es regalo de Dios! Una persona agradecida es una persona saludable de alma y cuerpo.

Un estudio reciente mostró que las personas se quejan al menos una vez por minuto durante una conversación. El problema con esto es que se van creando hábitos de queja. Cada vez que repetimos una acción, el cerebro se va moldeando para hacer más fácil esa acción. Esto quiere decir que cada vez que te quejas, tu cerebro se va acostumbrando y hará de la queja algo fácil para repetir y lo harás sin darte cuenta. Al quejarte, tu cuerpo lo procesa como estrés y libera una hormona llamada cortisol. Esta hormona tiene un efecto en casi todos los órganos y tejidos del cuerpo. De hecho, se pueden medir los niveles de cortisol en la sangre, orina o hasta en la saliva. Un nivel alto de cortisol tiene efectos muy negativos para el cuerpo — aumenta la presión arterial, perjudica tu sistema inmunológico, te hace susceptible a enfermedades cardíacas y de obesidad, y hasta te hace vulnerable a derrames cerebrales. Un estudio de la Universidad de Stanford mostró que quejarse a menudo hace que se reduzca la parte del cerebro que es el hipocampo, que regula la habilidad de resolver problemas y tener pensamientos inteligentes.

¡Por eso que estamos llamados a ser agradecidos! ¡No sólo es bueno para el alma, pero también para el cuerpo! ¿Sabías que decir o escribir por lo que estás agradecido hace que se reduzca el cortisol un 23 por ciento? Expresar gratitud hace que tu cerebro libere dopamina y serotonina, neurotransmisores que contribuyen a los sentimientos de felicidad y placer. Practicar la gratitud fortalece las vías neuronales de tu cerebro, y te ayuda desarrollar una naturaleza más positiva y agradecida, y activa la corteza prefrontal, que es responsable de la empatía, la regulación emocional y la toma de decisiones.

Ser agradecido también ayuda al alma; es más, es la salvación del alma. En el Evangelio de San Lucas leemos sobre el encuentro de Jesús con los diez leprosos que le piden que los sane. Jesús se compadece y les dice que vayan a mostrarse ante el sacerdote; y cuando iban de camino, todos quedaron sanados. Sin embargo, sólo uno regresa para agradecerle a Jesús. Jesús, impresionado por la falta de gratitud de los otros nueve, pero agradecido por el amor de este samaritano, le dice: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”. Diez fueron sanados, pero sólo uno fue salvado.

Este día de Acción de Gracias te invito a recapacitar y a darte cuenta de todas las bendiciones de tu vida. Toma unos quince minutos y escribe todas las cosas por las que estás agradecido, agradece la presencia de tus amigos y familiares en tu vida y, sobre todo, agradécele a Dios su misericordia. De esta manera estas sano de alma y cuerpo.

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.

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