Hemos entrado en el tiempo litúrgico de la Pascua. ¡Tenemos ocho semanas para celebrar la Resurrección del Señor! Aunque es un tiempo de alegría, hay que escuchar la advertencia de San Pablo en Gálatas 5:13 donde nos dice: “Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones”.
Es muy común que hayamos llevado una vida disciplinada durante la Cuaresma. Quizás hicimos toda clase de sacrificios y nos privamos de muchas cosas para dejar un mayor espacio a Dios; pero ahora que entramos en la Pascua, botamos por la ventana todas las buenas resoluciones y las herramientas que nos ayudaron a acercarnos a Dios. Es lamentable ver como regresamos a nuestro estado anterior. Es más, regresamos a un estado peor; ya que, habíamos ganado virtudes y ahora, por negligencia, las podemos perder o podemos entrar en vicios.
Muchas veces no lo vemos así. Lo vemos como que estamos disfrutando de lo que nos habíamos privado. Pero la meta no era la privación por sí misma, sino remover las distracciones que nos alejaban de Dios. ¿Por qué vamos a volver a las redes, a la comida, las películas y las distracciones que tanto nos alejan de Dios? Un ejemplo que nos puede servir para entender por qué tenemos que seguir creciendo durante la Pascua y no retroceder, es el ejemplo de las dietas.
Seguro que has tenido la experiencia de comenzar una dieta estricta. Quitaste toda clase de alimentos (carbohidratos, azúcar, carnes, granos, etc.) y te asombraste de todo el peso que perdías. El problema es que a los pocos meses volviste a comer lo que te habías negado y como un yoyo, subiste todo el peso de regreso y un poco más. ¿Por qué pasa esto? Porque comer sano era sólo una dieta y no un estilo de vida.
Nos puede pasar lo mismo durante la Cuaresma, ya que para muchos de nosotros los sacrificios fueron sólo un ejercicio de voluntad y no una manera de vivir para estar cerca de Dios. El Padre Guillermo González, vicario parroquial de la parroquia Todos los Santos en Manassas y encargado de la Comunidad de San Gabriel, siempre dice, “la santidad no se improvisa”. Lo que quiere decir es que el santo, el amigo verdadero de Dios, es aquel que se entrena.
Todo en la vida requiere esfuerzo. Por ejemplo, estar saludable requiere ejercicio. Ser futbolista requiere un buen entrenador y muchas horas de práctica. De la misma manera, ser un buen amigo de Dios, ser santos, llegar al cielo, requiere atención, vigilancia y esfuerzo. Es verdad que es Dios quien da la gracia de la santidad, pero a nosotros nos toca recibirlo. ¿Cómo vamos a recibir la gracia si estamos llenos de tantas otras cosas?
Por eso les recomiendo tener un plan de Pascua; o, mejor dicho, un plan de vida para así vivir una vida resucitada. En este plan puedes incluir cosas como la oración (cuánto tiempo, a qué hora y dónde), los sacramentos (Misas dominicales, Misas entre semanas, el sacramento de la Confesión una vez al mes), el estudio (bíblico, de la vida de los santos, del catecismo, de la vida espiritual), peregrinaciones (santuarios locales, otras iglesias diocesanas), sacrificios y penitencias (abstinencia de carne todos los viernes del año, ayuno un día a la semana o al mes, despertarse los viernes a las 3 a.m. para rezar la coronilla, no ver las redes sociales antes de las 8 a.m. ni después de las 8 p.m., chequear el WhatsApp sólo 3 veces al día, etc.) el servicio (ayudar a tu comunidad parroquial, servir a los pobres, visitar a los enfermos) y la vida fraterna (pertenecer a un grupo parroquial, tener días de paseo con la familia, invitar a amigos a la casa para compartir).
Todas estas cosas nos ayudan a poner un marco en la vida para asegurar que estamos creciendo y no decreciendo. Esto no es para ahogarte con cosas, sino para trazar la ruta en la que quieres estar. Es necesario recordar en cada momento hacia donde vamos y revisar que estamos en la vía correcta. Un plan de vida es como un mapa que nos lleva al destino final correcto que es el cielo y la vida eterna. Si estás casado lo puedes hacer con tu cónyuge, o puedes hacerlo un plan familiar.
Debemos tener la mirada fija en Dios e invitar a otros a mirarlo a Él. ¿Cómo vamos a invitar a otros a seguirnos si no sabemos a dónde vamos? Agarremos papel y lápiz y vayamos a la capilla para hacer nuestro plan de vida y mostrarle al Señor que realmente estamos comprometidos a seguirlo. Que este tiempo pascual nos sirva para seguir creciendo en la vida espiritual.
Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.



