Procrear

Padre Álvaro Montero

ADOBESTOCK.

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La primavera despierta la vida que duermen en invierno. La creación respira nueva frescura. Mi reflexión se centra en el milagro de la vida humana. Con cada bebé, nace también una esperanza nueva en la familia y en la sociedad. El nacimiento marca siempre una nueva primavera, aunque el parto sea en un día oscuro y frío de invierno. ¿Qué podemos decir de cada nueva vida humana generada por la unión entre hombre y mujer?

  1. Sólo Dios crea, porque crear significa sacar de la nada. “Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear” y que “la creación tampoco es una emanación necesaria de la substancia divina” (cf. Concilio Vaticano I). Dios crea libremente “de la nada” (Concilio de Letrán IV). Por tanto, nuestros padres no son los creadores de nuestra vida, aunque por medio de ellos nos llega la vida y podemos decir que nos han dado la vida. Los padres reciben de Dios los hijos como un regalo que les llega por la bendición que supone la fertilidad, que es también un mandato a Adán y Eva (“Dios los bendijo; y les dijo Dios: ‘Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla’”, Gn.1,28). ¿Qué tendría de extraordinario si Dios hubiera sacado el mundo de una materia preexistente? Un artífice humano, cuando se le da un material, hace de él todo lo que quiere. Mientras que el poder de Dios se muestra precisamente cuando parte de la nada para hacer todo lo que quiere. (San Teófilo de Antioquía).
  2. El hombre es capaz de procrear, que significa mucho más que reproducir. Los animales se reproducen, los hombres procrean. Esto significa que los esposos colaboran en la tarea divina de la creación, que es un acto de amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. El marido y la mujer, por la misma vocación del matrimonio, son incorporados a la acción divina de crear nueva vida. Sólo Dios sabe, en su infinita sabiduría y providencia, el momento en que la unión sexual de los esposos es bendecida por Él mismo con el don de generar una nueva vida. Nuestros padres no saben con certeza absoluta si una nueva vida será generada como fruto de su relación sexual. El momento exacto de la aparición de la nueva vida es un misterio que sólo Dios conoce, aunque ciertamente nuestros padres nos hayan buscado y pedido incluso en la oración. Nuestros padres lo descubrirán poco días o semanas después. ¡Gran misterio de la paternidad divina! Dios crea directamente el alma humana a la vez que permite al hombre y la mujer participar de su poder creador cuando se entregan del todo y les bendice con la fertilidad.
  3. Procrear es algo totalmente distinto de producir. Las llamadas técnicas de reproducción asistida buscan la producción técnica de un nuevo ser humano en un laboratorio. La fecundación in vitro es el resultado de un acto técnico y el nuevo ser humano no es directa e inmediatamente fruto de un acto de amor conyugal por el cual el marido y la mujer se entregan y reciben recíprocamente sin barrera alguna, renovando en su carne la alianza del matrimonio, sellada con su promesa el día de la boda. La fecundación in vitro es inmoral principalmente porque sustituye al acto de amor de los esposos. En muchas ocasiones supone además la producción de múltiples embriones que son posteriormente seleccionados, descartados y/o congelados. Monseñor Burbidge ha escrito en su reciente carta pastoral sobre la familia cristiana que “la iglesia afirma la verdad de que cada hijo es un don de Dios, independientemente de las circunstancias de su concepción, aun cuando las enseñanzas de la Iglesia contra la fecundación in vitro han permanecido constantes” pero “cada procedimiento de fecundación in vitro que tiene éxito da como resultado un hijo vivo con muchos hermanos perdidos”.

Toda vida humana es un milagro fruto de la cooperación de los padres con el poder creador de Dios. Es misión de todos fomentar familias fuertes donde el amor conyugal sea bendecido abundantemente con hijos. Aunque no todos podamos generar en la carne, sí que podemos dar fruto ayudando al nacimiento de nuevas familias.

El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

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