{"id":104065,"date":"2025-01-29T15:41:24","date_gmt":"2025-01-29T20:41:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catholicherald.com\/?post_type=article&#038;p=104065"},"modified":"2025-01-29T15:41:24","modified_gmt":"2025-01-29T20:41:24","slug":"perdonar","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/article\/en-espanol\/opinion\/perdonar\/","title":{"rendered":"Perdonar"},"content":{"rendered":"<div id=\"bsf_rt_marker\"><\/div><p>\u201cA\u00f1o nuevo, vida nueva\u201d, dice el refr\u00e1n. El inicio del a\u00f1o es un momento oportuno para empezar de nuevo.<\/p>\n<p>Este deseo va unido, sin embargo, a la conciencia de que arrastramos cosas del pasado que pesan en nuestra conciencia. Con esta reflexi\u00f3n, quisiera iluminar de qu\u00e9 modo el perd\u00f3n supone un nuevo inicio y permite una \u201cvida nueva\u201d. La acci\u00f3n de perdonar puede explicarse unida a otros tres verbos: cancelar, transfigurar y regenerar.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Cancelar una deuda: el perd\u00f3n se refiere normalmente a una ofensa o a una deuda.<\/strong> Es decir, existe una acci\u00f3n nuestra que deja como consecuencia una herida en una relaci\u00f3n o una obligaci\u00f3n de devolver algo en justicia (por ejemplo, una cantidad de dinero que alguien recibe en pr\u00e9stamo). Por medio del perd\u00f3n, la ofensa o la deuda dejan de existir porque la persona a la que debemos reparaci\u00f3n o pago cancela el \u201cregistro\u201d contra nosotros. De este modo, nuestro \u201crecord\u201d queda limpio y experimentamos una sensaci\u00f3n de alivio y parece que uno empieza de nuevo, como si empezase un nuevo cap\u00edtulo en el libro de nuestra vida (especialmente si la ofensa o la deuda con grandes o graves). La cuesti\u00f3n parece solucionada si decimos que perdonar es quitar o limpiar algo de una historia personal o de operaci\u00f3n mercantil. \u00bfEs el perd\u00f3n algo tan sencillo? Para el perdonado, quiz\u00e1s s\u00ed, pero no tanto para el que perdona. Sabemos bien que hay situaciones en que el perd\u00f3n nos hace \u201csangrar\u201d en el coraz\u00f3n. El perd\u00f3n siempre implica una dosis de sufrimiento. Lo entendemos bien si miramos a Jes\u00fas pidiendo perd\u00f3n a Dios Padre en nuestro nombre. \u201cPadre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que hacen\u201d.<\/li>\n<li><strong> Transfigurar una memoria: el perd\u00f3n, sin embargo, es mucho m\u00e1s que limpiar un registro de nuestros actos.<\/strong> Existe una expresi\u00f3n que he escuchado muchas veces: \u201cyo perdono, pero no olvido\u201d. Desde el punto de vista del perdonado, parece mejor olvidar, \u00bfno parece? Sin embargo, la experiencia muestra que muchas veces es dif\u00edcil perdonarse a uno mismo, porque seguimos recordando la ofensa, aunque se nos haya perdonado. \u00bfPodemos decir algo para que ayude a las dos personas, el que perdona y el que es perdonado? Quiz\u00e1s ayude esta idea un poco provocadora. \u201cPerdono y, precisamente por eso, no olvido\u201d. Y tambi\u00e9n, \u201cme han perdonado y, precisamente por eso, no olvido\u201d. \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto? La clave es entender que el perd\u00f3n es un don-perfecto, un regalo posible porque hay un amor m\u00e1s grande que permite cancelar la deuda o perdonar la ofensa. Lo que recordamos es la gracia y la fuerza interior que permite ver m\u00e1s all\u00e1 del dolor y devolver la dignidad a una persona o la vida a una relaci\u00f3n. Por ello decimos que el perd\u00f3n transfigura la memoria. La Eucarist\u00eda, que repetimos en memoria de Jes\u00fas, est\u00e1 unida a su perd\u00f3n en la cruz. Esto nos mueve a profunda gratitud, sin duda alguna, por el gran regalo del perd\u00f3n de nuestros pecados, que ofenden a Dios.<\/li>\n<li><strong> Regenerar una vocaci\u00f3n: la consecuencia de permitir que un amor m\u00e1s grande desbloquee nuestro coraz\u00f3n es que, en cierto sentido, volvemos a nacer.<\/strong> El perd\u00f3n recibido podr\u00eda de este modo compararse a una resurrecci\u00f3n. La profundidad de este enfoque se percibe mejor desde la fe. Cristo resucitado se apareci\u00f3 a sus ap\u00f3stoles precisamente para dejarles claro su perd\u00f3n, encomendarles el oficio de perdonar y confirmarles en su vocaci\u00f3n. Un buen ejemplo de ello es el di\u00e1logo con San Pedro a orillas del mar de Galilea. Pedro le hab\u00eda negado tres veces y por tres veces Jes\u00fas le pregunt\u00f3 si le amaba m\u00e1s que los otros. Lejos de perder la confianza en Pedro, Jes\u00fas le transfigur\u00f3 la memoria al confirmarle por tres veces en la misi\u00f3n de ser el primer Papa de la historia: \u201cApacienta mis corderos\u201d. Por ello es ahora m\u00e1s f\u00e1cil entender que el perd\u00f3n va unido a la nueva decisi\u00f3n de entregarnos m\u00e1s y mejor a nuestra vocaci\u00f3n, a reparar el da\u00f1o que hubi\u00e9ramos hecho devolviendo m\u00e1s amor y entrega a los que hemos ofendido o a los que Dios nos ha encomendado en nuestra vocaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Ojal\u00e1 que el modo de perdonar y pedir perd\u00f3n nos regenere de verdad.<\/p>\n<p><em>El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Se\u00f1ora de los \u00c1ngeles en Woodbridge.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cA\u00f1o nuevo, vida nueva\u201d, dice el refr\u00e1n. 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