{"id":105497,"date":"2025-04-03T15:41:28","date_gmt":"2025-04-03T19:41:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catholicherald.com\/?post_type=article&#038;p=105497"},"modified":"2025-04-03T15:41:28","modified_gmt":"2025-04-03T19:41:28","slug":"miseria-y-misericordia-una-nueva-vida-en-cristo","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/article\/en-espanol\/opinion\/miseria-y-misericordia-una-nueva-vida-en-cristo\/","title":{"rendered":"Miseria y Misericordia: Una Nueva Vida en Cristo"},"content":{"rendered":"<div id=\"bsf_rt_marker\"><\/div><p>Reflexi\u00f3n Dominical \u2013 Domingo V de Cuaresma<\/p>\n<p>El Evangelio de este Quinto Domingo de Cuaresma (Juan 8, 1-11) nos regala uno de los encuentros m\u00e1s profundos y conmovedores entre Jes\u00fas y un pecador. Se trata de la mujer sorprendida en adulterio. Este pasaje es m\u00e1s que un juicio; es un acto de misericordia. San Agust\u00edn, en su comentario a este Evangelio, lo resume magistralmente: \u201cQuedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia.\u201d (Tractatus in Iohannem, 33,5).<\/p>\n<p>Esta escena nos revela el coraz\u00f3n mismo de Jes\u00fas: no uno que condena, sino que comprende, perdona y transforma. Los escribas y fariseos traen a la mujer ante Jes\u00fas con la intenci\u00f3n de ponerlo a prueba. \u201cMaestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto de adulterio. Mois\u00e9s nos mand\u00f3 en la Ley apedrear a estas mujeres. \u00bfT\u00fa qu\u00e9 dices?\u201d (cf. Jn 8,4-5). Pero Jes\u00fas, en lugar de responder directamente, se inclina y escribe en el suelo. No sabemos qu\u00e9 escribi\u00f3, pero su silencio es elocuente. San Jer\u00f3nimo suger\u00eda que escrib\u00eda los pecados de los acusadores (cf. Jer\u00f3nimo, Coment. a Jerem\u00edas).<\/p>\n<p>Jes\u00fas luego responde con una frase que atraviesa la historia: \u201cEl que de vosotros est\u00e9 sin pecado, que le tire la primera piedra\u201d (Jn 8,7). Y, uno a uno, los acusadores se retiran, comenzando por los m\u00e1s ancianos, conscientes de su propia fragilidad.<\/p>\n<p>En este gesto, se nos revela una verdad fundamental: todos necesitamos misericordia. Como nos recuerda San Pablo: \u201cOlvidando lo que queda atr\u00e1s y esforz\u00e1ndome por alcanzar lo que est\u00e1 delante, corro hacia la meta\u201d (Flp 3,13-14). Esta es nuestra carrera cuaresmal: dejar atr\u00e1s el pecado, mirar hacia adelante, caminar en la luz del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La mujer, finalmente sola ante Jes\u00fas, escucha de \u00c9l palabras de libertad: \u201cTampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques m\u00e1s\u201d (Jn 8,11). No hay reproche, solo amor que redime. No hay condena, solo una invitaci\u00f3n a una vida nueva. En ese momento, la miseria del pecado es revestida por la misericordia del amor.<\/p>\n<p>En este A\u00f1o de la Esperanza, y mientras nos acercamos a la Pascua, este Evangelio nos recuerda que siempre es posible comenzar de nuevo. No importa cu\u00e1n profunda sea nuestra ca\u00edda, Cristo nos ofrece levantarnos. La gracia no anula nuestra libertad, sino que la eleva, la purifica y la orienta hacia el bien.<\/p>\n<p>El Papa Francisco ofrece una hermosa reflexi\u00f3n sobre este relato:<\/p>\n<p>\u201cJes\u00fas ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha le\u00eddo su coraz\u00f3n: all\u00ed ha reconocido su deseo de ser comprendida, perdonada y liberada. La miseria del pecado ha sido revestida por la misericordia del amor. Por parte de Jes\u00fas, no hay ning\u00fan juicio que no est\u00e9 marcado por la piedad y la compasi\u00f3n hacia la condici\u00f3n de la pecadora. A quien quer\u00eda juzgarla y condenarla a muerte, Jes\u00fas responde con un silencio prolongado, que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias, tanto de la mujer como de sus acusadores. Estos dejan caer las piedras de sus manos y se van uno a uno (cf. Jn 8,9). Y despu\u00e9s de ese silencio, Jes\u00fas dice: \u00abMujer, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n tus acusadores? \u00bfNinguno te ha condenado? [\u2026] Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques m\u00e1s\u00bb (vv. 10-11). De este modo la ayuda a mirar al futuro con esperanza y a estar lista para encaminar nuevamente su vida; de ahora en adelante, si lo querr\u00e1, podr\u00e1 \u00abcaminar en la caridad\u00bb (cf. Ef 5,2). Una vez que hemos sido revestidos de misericordia, aunque permanezca la condici\u00f3n de debilidad por el pecado, esta debilidad es superada por el amor que permite mirar m\u00e1s all\u00e1 y vivir de otra manera&#8221; (Papa Francisco, Misericordia et misera).<\/p>\n<p>Que tambi\u00e9n nosotros dejemos caer nuestras piedras, reconozcamos nuestra necesidad de misericordia y respondamos al llamado de Jes\u00fas que nos dice: \u201cyo tampoco te condeno, vete y no peques m\u00e1s&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reflexi\u00f3n Dominical \u2013 Domingo V de Cuaresma El Evangelio de este Quinto Domingo de Cuaresma (Juan 8, 1-11) nos regala uno de los encuentros m\u00e1s profundos y conmovedores entre Jes\u00fas y un pecador. Se trata de la mujer sorprendida en adulterio. Este pasaje es m\u00e1s que un juicio; es un acto de misericordia. San Agust\u00edn, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"featured_media":96724,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"inline_featured_image":false,"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","theme-transparent-header-meta":"default","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"set","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}}},"section":[1572],"topic":[],"ach_author":[2077],"class_list":["post-105497","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","section-opinion","ach_author-joel-de-loera"],"acf":[],"publishpress_future_workflow_manual_trigger":{"enabledWorkflows":[]},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article\/105497","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/article"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/article"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/96724"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=105497"}],"wp:term":[{"taxonomy":"section","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/section?post=105497"},{"taxonomy":"topic","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/topic?post=105497"},{"taxonomy":"ach_author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/ach_author?post=105497"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}