{"id":106137,"date":"2025-04-29T15:39:13","date_gmt":"2025-04-29T19:39:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catholicherald.com\/?post_type=article&#038;p=106137"},"modified":"2025-04-29T15:39:13","modified_gmt":"2025-04-29T19:39:13","slug":"el-papa-francisco-pastor-fiel-segun-el-corazon-de-cristo","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/article\/en-espanol\/opinion\/el-papa-francisco-pastor-fiel-segun-el-corazon-de-cristo\/","title":{"rendered":"El Papa Francisco: pastor fiel seg\u00fan el coraz\u00f3n de Cristo"},"content":{"rendered":"<div id=\"bsf_rt_marker\"><\/div><p><em>Hechos 5, 27b-32. 40b-41; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19 <\/em><\/p>\n<p>En este III Domingo de Pascua, la liturgia nos regala un encuentro \u00edntimo y transformador entre el Se\u00f1or Resucitado y sus disc\u00edpulos a orillas del lago de Tiber\u00edades. Se trata de un Evangelio profundamente pastoral, en el que Jes\u00fas confirma a San Pedro en su misi\u00f3n: <em>&#8220;Apacienta mis corderos&#8230; pastorea mis ovejas&#8221;<\/em> (Jn 21, 15-17). Esta misi\u00f3n, llena de ternura y de responsabilidad, no se limita solamente a Pedro, el primer Papa de la historia, sino que resuena a lo largo de los siglos en la vida de todos los Vicarios de Cristo. Hoy, en este tiempo de luto y esperanza, esta misi\u00f3n se hace especialmente viva al contemplar la figura del Papa Francisco, quien parti\u00f3 a la Casa del Padre la ma\u00f1ana del lunes de la Octava de Pascua.<\/p>\n<p>El Papa Francisco fue, como Pedro, un hombre fr\u00e1gil, pero profundamente enamorado de Cristo. Su pontificado estuvo marcado por la fidelidad al mandato de Jes\u00fas: cuidar, guiar y alimentar al reba\u00f1o de Dios. Desde aquel sencillo &#8220;buenas tardes&#8221; en el balc\u00f3n de San Pedro, hasta sus \u00faltimos gestos de misericordia y humildad en medio de la enfermedad, fue un pastor que &#8220;ol\u00eda a oveja&#8221;, que no temi\u00f3 adentrarse en las periferias ni enfrentar redes vac\u00edas. Como los ap\u00f3stoles en el lago, supo reconocer en todo momento la voz del Se\u00f1or que lo guiaba, especialmente cuando parec\u00eda no haber frutos, y confi\u00f3 en echar nuevamente las redes. Aunque muchos no comprendieron su manera de pastorear la Iglesia, no cabe duda de que siempre actu\u00f3 con coraz\u00f3n de padre, seg\u00fan su discernimiento y en busca del bien de sus hijos en la fe.<\/p>\n<p>En la primera lectura, vemos a Pedro y a los ap\u00f3stoles enfrentando al Sanedr\u00edn con valent\u00eda: <em>&#8220;Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres&#8221;<\/em> (Hch 5, 29). Tambi\u00e9n Francisco supo levantar su voz prof\u00e9tica ante las injusticias del mundo: defendi\u00f3 la vida desde la concepci\u00f3n hasta la muerte natural, abog\u00f3 incansablemente por los pobres, clam\u00f3 por la paz y por una ecolog\u00eda integral. Fue testigo del Resucitado en un mundo a menudo indiferente o incluso hostil, como aquellos primeros disc\u00edpulos que se retiraban felices por haber sufrido por el nombre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El Apocalipsis de hoy nos presenta una visi\u00f3n celestial donde toda criatura canta: <em>&#8220;Digno es el Cordero que fue inmolado&#8221;<\/em> (Ap 5, 12). Francisco vivi\u00f3 con esta certeza en su coraz\u00f3n: todo en la Iglesia proviene de Cristo, el Cordero inmolado. No busc\u00f3 protagonismo ni poder, sino ser un servidor de los siervos de Dios. Como Pedro, al final de sus d\u00edas extendi\u00f3 los brazos, aceptando con humildad el camino de la entrega total.<\/p>\n<p>Hoy oramos por su descanso eterno. Que el Se\u00f1or resucitado, a quien tanto am\u00f3 y sirvi\u00f3, lo reciba en sus brazos abiertos y le diga: <em>&#8220;Bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Se\u00f1or&#8221;<\/em>. Y tambi\u00e9n elevamos nuestra oraci\u00f3n por la Iglesia en este tiempo de Sede Vacante, por el pr\u00f3ximo c\u00f3nclave, pidiendo que el Esp\u00edritu Santo suscite un nuevo Pedro, un pastor seg\u00fan el coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no abandona nunca a su reba\u00f1o. Como aquella ma\u00f1ana junto al lago, sigue hoy en la orilla de nuestra historia, encendiendo las brasas, preparando el pan y el pescado, llam\u00e1ndonos a reconocerlo y seguirlo. Nos invita a confiar, a echar nuestras redes, aunque estemos cansados, y a renovar nuestro amor por \u00c9l.<\/p>\n<p>Hoy, como comunidad cristiana, escuchemos tambi\u00e9n nosotros la pregunta del Se\u00f1or: <em>&#8220;\u00bfMe amas?&#8221;<\/em> y respondamos con humildad: <em>&#8220;Se\u00f1or, t\u00fa lo sabes todo; t\u00fa sabes que te amo&#8221;<\/em>. Que esta Pascua nos anime a seguir a Jes\u00fas con la confianza de Pedro y el ejemplo de Francisco, pastor fiel, gu\u00eda en medio de la tormenta y testigo de la ternura de Dios.<\/p>\n<p>\u201cEl Se\u00f1or, \u00fanica esperanza de la humanidad, nos conceda la gracia de mantener encendida la llama de la fe, y en el momento de nuestra muerte nos tome de la mano y nos diga: \u00ab\u00a1Lev\u00e1ntate!\u00bb. Que Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, interceda por todos nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. As\u00ed sea\u201d (Papa Francisco).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hechos 5, 27b-32. 40b-41; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19 En este III Domingo de Pascua, la liturgia nos regala un encuentro \u00edntimo y transformador entre el Se\u00f1or Resucitado y sus disc\u00edpulos a orillas del lago de Tiber\u00edades. 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