{"id":108182,"date":"2025-07-21T16:11:22","date_gmt":"2025-07-21T20:11:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catholicherald.com\/?post_type=article&#038;p=108182"},"modified":"2025-07-21T16:11:22","modified_gmt":"2025-07-21T20:11:22","slug":"un-padre-misericordioso-que-escucha-y-responde","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/article\/en-espanol\/opinion\/un-padre-misericordioso-que-escucha-y-responde\/","title":{"rendered":"Un Padre misericordioso que escucha y responde"},"content":{"rendered":"<div id=\"bsf_rt_marker\"><\/div><p><em>G\u00e9nesis 18, 20-32; Colosenses 2, 12-14; Lucas 11, 1-13\u00a0 <\/em><\/p>\n<p>Las lecturas de este domingo nos invitan a contemplar tres verdades fundamentales de nuestra fe:<\/p>\n<ol>\n<li>Dios es un Padre misericordioso.<\/li>\n<li>No somos solamente siervos, sino hijos amados.<\/li>\n<li>Como hijos, podemos pedir con confianza lo que necesitamos.<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 1. Dios es un Padre misericordioso<\/p>\n<p>La primera lectura de G\u00e9nesis 18 nos muestra una escena conmovedora: Abraham intercede con insistencia ante Dios por la ciudad de Sodoma. A pesar de la gravedad del pecado del pueblo, Abraham se atreve a dialogar con Dios, rebajando poco a poco el n\u00famero de justos necesarios para que la ciudad sea perdonada: de cincuenta hasta diez.<\/p>\n<p>Esta lectura nos revela algo profundo sobre el coraz\u00f3n de Dios. \u00c9l no se enoja con Abraham, no se impacienta ni lo reprende por su audacia. Todo lo contrario: le responde con paciencia, como un padre amoroso que escucha atentamente a su hijo. Esta actitud divina nos recuerda que la oraci\u00f3n es, ante todo, relaci\u00f3n. Abraham ora con temor reverente, pero tambi\u00e9n con una confianza sorprendente. As\u00ed debe ser nuestra relaci\u00f3n con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Dios se revela como un Padre que no se cansa de escuchar nuestras s\u00faplicas. Como ense\u00f1a el Catecismo:<\/p>\n<p>\u201cLa oraci\u00f3n es la relaci\u00f3n viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno\u201d (CIC, 2565).<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Somos hijos, no solo siervos<\/li>\n<\/ol>\n<p>Jes\u00fas, en el Evangelio de Lucas 11, ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos a orar. Y lo hace con una oraci\u00f3n que todos conocemos bien: el Padre Nuestro. No es una f\u00f3rmula vac\u00eda, sino una revelaci\u00f3n. El Dios del cielo y de la tierra quiere que lo llamemos \u201cPadre\u201d. No simplemente Se\u00f1or o Maestro, sino Padre, porque eso es lo que verdaderamente es.<\/p>\n<p>San Pablo, en la segunda lectura (Col 2,12-14), nos recuerda que en el bautismo fuimos sepultados con Cristo y resucitados con \u00c9l. Ya no somos esclavos del pecado, sino hijos redimidos por la gracia. Sin embargo, cu\u00e1ntas veces seguimos viviendo como siervos temerosos. Muchos cristianos siguen luchando con escr\u00fapulos, con culpa, con la duda de si Dios realmente los puede perdonar. Pero esa duda no viene de Dios.<\/p>\n<p>Cuando olvidamos que somos hijos, olvidamos tambi\u00e9n que tenemos un Padre que nos espera con los brazos abiertos, como al hijo pr\u00f3digo. \u00c9l nos ha perdonado todos nuestros pecados y nos ha dado su Esp\u00edritu para que podamos clamar: \u201c\u00a1Abba, Padre!\u201d (cf. Rom 8,15).<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Como hijos, pidamos con confianza<\/li>\n<\/ol>\n<p>Jes\u00fas no solo nos ense\u00f1a a llamar a Dios \u201cPadre\u201d, sino que nos anima a pedir con perseverancia y fe. En el Evangelio, pone el ejemplo del amigo insistente que toca la puerta a medianoche. No se trata de molestar a Dios, sino de entender que nuestra oraci\u00f3n mueve su coraz\u00f3n, no porque \u00c9l no sepa lo que necesitamos, sino porque desea que acudamos a \u00c9l, que confiemos en su bondad.<\/p>\n<p>Lamentablemente, muchos de nosotros hemos crecido con dificultades para expresar nuestras emociones o necesidades, especialmente con nuestras figuras paternas. Pero Dios no es como un padre ausente o distante. \u00c9l quiere escuchar, incluso cuando nuestras palabras son torpes. Quiere que le digamos lo que nos duele, lo que so\u00f1amos, lo que anhelamos.<\/p>\n<p>Cristo nos asegura:<\/p>\n<p>\u201cSi ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s el Padre celestial dar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo a quienes se lo pidan?\u201d (Lc 11,13).<\/p>\n<p>Este domingo, recordemos que no estamos solos. Tenemos un Padre que nos conoce, nos ama, y quiere colmarnos con el don m\u00e1s grande: su Esp\u00edritu Santo. No tengamos miedo de pedir, de insistir, de presentarnos ante \u00c9l una y otra vez, como Abraham, como el amigo del Evangelio, como hijos peque\u00f1os que conf\u00edan en el coraz\u00f3n de su pap\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>G\u00e9nesis 18, 20-32; Colosenses 2, 12-14; Lucas 11, 1-13\u00a0 Las lecturas de este domingo nos invitan a contemplar tres verdades fundamentales de nuestra fe: Dios es un Padre misericordioso. No somos solamente siervos, sino hijos amados. Como hijos, podemos pedir con confianza lo que necesitamos. \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 1. 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