{"id":110686,"date":"2025-10-22T10:43:49","date_gmt":"2025-10-22T14:43:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.catholicherald.com\/?post_type=article&#038;p=110686"},"modified":"2025-10-22T10:43:49","modified_gmt":"2025-10-22T14:43:49","slug":"que-ensena-la-iglesia-catolica-sobre-la-migracion","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/www.catholicherald.com\/es\/article\/en-espanol\/noticias-locales\/que-ensena-la-iglesia-catolica-sobre-la-migracion\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 ense\u00f1a la Iglesia Cat\u00f3lica sobre la migraci\u00f3n?"},"content":{"rendered":"<div id=\"bsf_rt_marker\"><\/div><p>\u201cPorque fui forastero y me acogisteis\u201d. (Mt 25,35).<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or pronunci\u00f3 estas palabras hacia el final del Evangelio de San Mateo, en una par\u00e1bola que trata sobre el juicio de las naciones y el criterio de dicho juicio. Ese criterio es Jes\u00fas mismo, quien se identifica con los hambrientos, los sedientos, los enfermos, los encarcelados y los forasteros en la tierra. \u201cEn verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed me lo hicisteis\u201d. (Mt 25,40).<\/p>\n<p>De esta manera, el Se\u00f1or reafirma el mandato divino que se encuentra a lo largo del Antiguo Testamento, seg\u00fan el cual el pueblo de Dios debe tener un cuidado especial por los forasteros, los extranjeros y los peregrinos que viv\u00edan entre los israelitas \u2014 a quienes hoy llamar\u00edamos migrantes o refugiados \u2014. Los israelitas deb\u00edan actuar con caridad hacia estas personas porque ellos mismos hab\u00edan experimentado lo que era ser migrantes y vivir en una tierra que no era la suya. Por ejemplo, leemos en el Libro del \u00c9xodo (22,21): \u201cNo maltratar\u00e1s ni oprimir\u00e1s al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.\u201d Pasajes similares se encuentran en Lev\u00edtico (19,34), Deuteronomio (10,18-19) y Job (31,32). Quiz\u00e1s no sea dif\u00edcil ver en estos mandamientos lo que m\u00e1s tarde Jes\u00fas dir\u00eda a sus disc\u00edpulos: \u201cTraten a los dem\u00e1s como quieren que los dem\u00e1s los traten a ustedes\u201d. (Lc 6,31; Mt 7,12).<\/p>\n<p>Estos textos b\u00edblicos ofrecen el fundamento de la doctrina social cat\u00f3lica sobre el tema de la migraci\u00f3n. Desde la enc\u00edclica Rerum Novarum (1891) del Papa Le\u00f3n XIII hasta nuestros d\u00edas, la iglesia ha desarrollado una ense\u00f1anza rica en contenido acerca de la migraci\u00f3n, los derechos de los migrantes y la necesidad de realizar mayores esfuerzos para contrarrestar las causas de la migraci\u00f3n forzada.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza de la iglesia se basa en algunos principios esenciales que pueden ayudarnos a reflexionar sobre el tema de la migraci\u00f3n a la luz de nuestra fe. El primero es la dignidad de toda persona humana, creada a imagen de Dios (Gn 1,26-27) y destinada a la vida eterna. Bas\u00e1ndose en este principio, el Papa Francisco nos exhorta a comprender que \u201clos migrantes y los refugiados no representan solo un problema que hay que resolver, sino hermanos y hermanas que deben ser acogidos, respetados y amados\u201d.<\/p>\n<p>Asimismo, la iglesia afirma que las personas tienen derecho tanto a migrar como a permanecer en su patria. Aunque algunos individuos o familias eligen migrar, muchos otros se ven obligados a hacerlo por conflictos, pobreza, desastres naturales o persecuci\u00f3n pol\u00edtica o religiosa. En respuesta a la migraci\u00f3n forzada, en 2023 el Papa Francisco pidi\u00f3 a los pa\u00edses y a la comunidad internacional \u201cgarantizar que todos gocen del derecho a no verse obligados a emigrar; es decir, la posibilidad de vivir en paz y con dignidad en el propio pa\u00eds.\u201d Al mismo tiempo, la doctrina social de la iglesia ense\u00f1a claramente que las pol\u00edticas gubernamentales deben ayudar a las familias que se ven forzadas a buscar seguridad, estabilidad y una nueva vida fuera de su patria a permanecer unidas, y que padres e hijos no deben ser separados.<\/p>\n<p>La iglesia reconoce que las naciones pueden regular el ejercicio del derecho a migrar, ya que una migraci\u00f3n sin control podr\u00eda \u201chacer da\u00f1o y ser perjudicial para el bien com\u00fan de la comunidad que recibe al migrante,\u201d seg\u00fan palabras de San Juan Pablo II. En este sentido, un recurso del Comit\u00e9 de Migraci\u00f3n de la Conferencia de Obispos Cat\u00f3licos de Estados Unidos (USCCB por sus siglas en Ingles) se\u00f1ala: \u201cQuienes trabajan para hacer cumplir las leyes migratorias de nuestra naci\u00f3n suelen hacerlo movidos por un sentido de lealtad al bien com\u00fan y de compasi\u00f3n por los pobres que buscan una vida mejor.\u201d El hecho de que una naci\u00f3n controle prudentemente sus fronteras no debe considerarse malo ni inmoral en s\u00ed mismo. Lo crucial, sin embargo, es que las pol\u00edticas migratorias est\u00e9n guiadas por la justicia, la sabidur\u00eda, la misericordia y, sobre todo, el amor.<\/p>\n<p>Estas virtudes son especialmente necesarias cuando surgen preguntas sobre los inmigrantes indocumentados. San Juan Pablo II afirm\u00f3 que la inmigraci\u00f3n ilegal debe ser prevenida, pero tambi\u00e9n subray\u00f3 que quienes se encuentran en situaci\u00f3n irregular no pierden su dignidad humana ni sus derechos fundamentales, los cuales no pueden ser violados ni ignorados. En este sentido, la iglesia aboga por una reforma migratoria que ofrezca un camino hacia la legalidad a todos los que lo merezcan, incluidos quienes han huido de la guerra, la pobreza o la persecuci\u00f3n, y que son buenos vecinos y contribuyentes en las comunidades donde ahora viven. En el mismo mensaje, San Juan Pablo II tambi\u00e9n destac\u00f3 que la iglesia debe ser un lugar donde los indocumentados sean reconocidos y acogidos como hermanos y hermanas, y donde se atiendan sus necesidades de oraci\u00f3n, escucha de la Palabra de Dios y participaci\u00f3n en los sacramentos. De hecho, la iglesia est\u00e1 llamada a ofrecer sus servicios sacramentales, pastorales, educativos y sociales a quienes los busquen, sin importar su situaci\u00f3n legal.<\/p>\n<p>La migraci\u00f3n es una realidad compleja, tanto en nuestra naci\u00f3n como en el mundo entero. La iglesia, reconociendo esta complejidad, nos llama a actuar hacia los migrantes y refugiados con compasi\u00f3n y amor. El Papa Le\u00f3n XIV nos ha recordado en diversas ocasiones que, cuando extendemos hospitalidad, defendemos pol\u00edticas justas y apoyamos a quienes se ven obligados a abandonar su patria, estamos viviendo la verdad del Evangelio: que al acoger al forastero, acogemos al mismo Jes\u00fas.<\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>Para m\u00e1s informaci\u00f3n<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Para leer recursos del Comit\u00e9 de Migraci\u00f3n de la Conferencia de Obispos Cat\u00f3licos de Estados Unidos que ayudan a los cat\u00f3licos a formar su conciencia en esta \u00e1rea, visite: <a href=\"https:\/\/www.usccb.org\/committees\/migration\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">www.usccb.org\/committees\/migration<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestro Se\u00f1or pronunci\u00f3 estas palabras hacia el final del Evangelio de San Mateo, en una par\u00e1bola que trata sobre el juicio de las naciones y el criterio de dicho 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