Detención causa preguntas de arzobispo sobre la sociedad estadounidense

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SAN FRANCISCO — El arzobispo Salvatore J. Cordileone de San Francisco le pidió a Estados Unidos evaluarse como sociedad después de tomar interés personal en un caso de detención de un inmigrante que está en el país ilegalmente.

Hugo Mejía, de 37 años de edad, y su compañero de trabajo se encontraron bajo custodia en mayo por agentes federales de inmigración cuando llegaron a trabajar a un proyecto de construcción en la Base Aérea Travis en Fairfield, California. Después de su arresto, Mejía fue detenido a 100 millas de su casa en San Rafael, en un centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Elk Grove, dijo el arzobispo Cordileone en una columna de opinión publicada el 20 de noviembre en el periódico San Francisco Chronicle. La columna fue publicada el día de la audiencia de inmigración de Mejía.

"Mientras visitaba y rezaba con la familia de Mejía, su angustia por la separación era palpable, pero también se sentía su dignidad y el poder de su fe frente al gran sufrimiento", escribió el arzobispo.

Durante una audiencia sobre el caso, un juez dijo que Mejía podía ser liberado bajo fianza mientras su caso procede a través del tribunal de inmigración. El compañero de trabajo, Rodrigo Núñez, no tuvo igual suerte; él fue deportado en agosto.

Mientras el destino de Mejía se considera, el arzobispo preguntó: "¿Cómo debe nuestra sociedad tratar a Mejía y a otros millones de hermanos y hermanas como él? ¿Cómo le gustaría a usted ser tratado si estuviese en la situación de él?

"En una sociedad virtuosa -- es decir, una cuyas instituciones políticas, sociales y económicas permiten que todos sus miembros prosperen -- la respuesta es la misma. ¿Seremos una sociedad tan virtuosa?

"La decisión está ahora ante nosotros. El carácter de nuestro país será definido por nuestra respuesta".

El arzobispo Cordileone también hizo la pregunta pronunciada por Caín en respuesta a Dios en el Libro de Génesis: "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?".

"Una respuesta afirmativa significa cuidar a los que sufren, un valor central compartido por todas las tradiciones religiosas y los puntos de vista", dijo el arzobispo. "Cualquier cosa menos que eso no es plenamente humano y es el encuentro personal lo que siempre humaniza lo que de otro modo puede permanecer distante y abstracto".

En pocas palabras, él añadió, "todos somos guardianes de nuestros hermanos y hermanas. Esta es simplemente otra manera de declarar la Regla de Oro, que es un principio ético igualmente universal".

Durante la audiencia de Mejía, el arzobispo Cordileone dijo: "La posibilidad de que el dolor de la familia Mejía podría aliviarse trae esperanza a muchos de nosotros que hemos levantado nuestras voces para (su liberación). Ciertamente, nuestro país todavía no ha creado un proceso (práctico) de inmigración para personas como Mejía, cuyo trabajo sin embargo adelanta industrias que han creado gran riqueza.

"Y he aquí un ejemplo concreto y humanizado: Hasta ahora ningún juez ha considerado plenamente los contornos de la vida de Mejía y sus contribuciones a este país a través de estos últimos 16 años que él ha vivido y trabajado aquí", él añadió.

Mientras el arzobispo Cordileone visitaba a la familia, Mejía llamó desde de la cárcel de inmigración. "Sentí cuánto él extrañaba a su esposa, Yadira Manguia, y a sus tres hijos y mientras su voz sonaba en el teléfono pude entender de dónde viene la bondad de su familia", dijo el arzobispo Cordileone.

"Mejía es un esposo y padre dedicado, va a la iglesia y trabaja en la construcción. Él es voluntario en la escuela de sus hijos y es miembro del sindicato Unión Internacional de Pintores y Profesiones Relacionadas (International Union of Painters and Allied Trades). La detención de alguien que tiene raíces profundas en la comunidad es un llamado a todos nosotros a mirar más allá de la candente retórica y ver la humanidad de los miembros más vulnerables de nuestras comunidades".

Mejía, quien tiene tres hijos, ha estado en Estados Unidos por 16 años. Ni él ni Núñez tenían antecedentes criminales, pero Mejía tenía una orden de deportación de hace 10 años que causó que la policía lo capturara.

© Arlington Catholic Herald 2017