El papa en Chile: Bienaventuranzas son fruto de esperanza

SANTIAGO, Chile — Las bienaventuranzas no son palabra barata para los que creen que lo saben todo pero que no se comprometen con la fe; estas son el fruto de un corazón lleno de esperanza que anhela paz y felicidad, dijo el papa Francisco.

La respuesta de Cristo a los anhelos y las aspiraciones de los que buscan una vida de felicidad "no nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusión" ni "espejismos que nos prometen la felicidad con un 'clic' en un abrir y cerrar de ojos", dijo el papa el 16 de enero celebrando su primera Misa pública en Chile.

"Las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón compasivo y necesitado de compasión de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida", él dijo.

Un mar de banderas amarillas y blancas ondeaban por todo el Parque O'Higgins mientras el papa Francisco llegaba en su papamóvil saludando a unas 400,000 personas. Ya para mediados de la Misa la temperatura era 82 grados. Los peregrinos se cubrían del sol con gorras y sombreros anchos.

A pesar de varios actos de vandalismo y protestas contra la visita del papa que estuvieron en los titulares en la capital chilena, había un ambiente de alegría y esperanza mientras la multitud cantaba un himno tradicional latinoamericano recibiendo al papa.

"Juntos como hermanos, miembros de una iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor", cantaban los fieles.

Las ofrendas incluyeron una estatua de un moái, una estatua monolítica que solo se encuentra en la Isla de Pascua, obra del artista Pau Hereveri Tepano. Algunos de los presentes en la Misa viajaron las casi 2,300 millas desde Isla de Pascua.

Las ofrendas también incluyeron una pieza de cerámica mostrando el Cuasimodo, procesión tradicional chilena durante la Semana Santa en que hombres y mujeres vestidos tradicionalmente le llevan a caballo la comunión a los enfermos y ancianos que no pueden llegar a la iglesia. Un camión verde representaba el camión que san Alberto Hurtado conducía por la comunidad para ayudar a los pobres.

Reflexionando sobre el Evangelio según San Mateo, el papa Francisco dijo que la proclamación de las bienaventuranzas por Jesús es la respuesta a todos los que buscan un encuentro con él.

El primer acto de Jesús antes de predicar, dijo el papa, era "mirar el rostro de los suyos".

"Esos rostros ponen en movimiento el amor visceral de Dios. No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús, son los rostros, son las personas. Es la vida que clama a la vida que el Padre nos quiere transmitir", él dijo.

El pueblo de Chile, él añadió sabe reconstruir. Ellos vuelven a "levantarse después de tantos derrumbes".

"A ese corazón apela Jesús, para que ese corazón reciba las bienaventuranzas", dijo el papa.

Al proclamar benditos a los pobres, los que están en duelo y los afligidos, Jesús trae "el sacudimiento de una postración negativa" y "esa resignación que nos lleva a aislarnos de todos".

Los cristianos, dijo el papa, también están llamado a ser pacifistas y a trabajar por la reconciliación, a "salir de casa … de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra".

"Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar".

Entre los obispos que concelebraron la Misa estuvo el obispo Juan Barros, cuyo nombramiento como obispo de la Diócesis de Osorno causó varias protestas antes de la visita del papa. El exmentor del obispo Barros, padre Fernando Karadima, fue sentenciado por el Vaticano a una vida de oración y penitencia después de haber sido encontrado culpable de abusar sexualmente de niños.

El metro de Santiago abrió temprano para los peregrinos que asistirían a la Misa.

Verónica Ruiz, argentina que vive en Chile, estaba en un tren con su hermano, su hija y su yerno. Ella dijo que también planeaba ver al papa Francisco en Perú durante su visita del 18 al 21 de enero. Ellos estaban preparados para una larga espera con alimento, agua y protector solar.

"Hemos sido católicos todas nuestras vidas y ver al papa nos llena de energía. Nos levantamos a las 3 a.m. para estar aquí y estamos tan entusiasmados que no sabemos si dormimos o no, pero no importa, ahora estamos aquí y muy contentos de estar aquí".

En el Parque O'Higgins gente de todo Chile llegaba por autobús antes de la Misa. Policías a caballo mantenían a los peregrinos en orden. Muchos peregrinos se paraban en filas para comprar artículos de recuerdo -- banderas, bolsas, llaveros y fotos del papa Francisco.

Una chilena, que se identificó solamente como Claudia, estaba allí con su esposo y cuatro hijos de 13, 8, 3 y 1 año.

"Aunque algunos de mis hijos son muy pequeños, creemos que es importante que vean esto. Queremos que nuestra fe salga a las calles y no esté solamente en la iglesia", ella dijo. Misas enormes como esta nos hacen sentir que Dios está vivo y presente en nuestras vidas".

© Arlington Catholic Herald 2018