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Papa, líderes religiosos piden paz, compasión, cuidar la tierra

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ROMA — De pie frente al Coliseo de Roma, el Papa Francisco pidió a miembros de todas las religiones del mundo que sean lo suficientemente valientes para dejar de lado el egocentrismo y buscar vivir con verdadera y activa compasión por las víctimas de la guerra, la pobreza y por la tierra.

El Papa y representantes ortodoxos, ortodoxos orientales, anglicanos y protestantes, junto con la Canciller Alemana Angela Merkel, se reunieron para un breve servicio de oración cristiana el 7 de octubre antes de unirse a líderes musulmanes, judíos, hindúes y budistas para pedir por la paz.

Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant'Egidio, que organizó el encuentro y lo ha hecho cada año desde que San Juan Pablo II reunió a líderes religiosos en Asís en 1986, dijo que las necesidades causadas por la pandemia del COVID-19, los conflictos y la crisis climática han unido a los creyentes religiosos como nunca antes.

Dirigiéndose a la reunión, el Papa instó a los creyentes religiosos a recordar una lección clave de la pandemia: "no podemos permanecer siempre sanos en un mundo enfermo".

Además del COVID-19 dijo que "en los últimos tiempos muchos están enfermos de olvido, olvido de Dios y de los hermanos".

Ese tipo de egocentrismo, dijo el Papa, ha llevado a "una carrera desenfrenada detrás de una autosuficiencia individual, degenerada en una avidez insaciable".

"La tierra que pisamos lleva las cicatrices, mientras que el aire que respiramos está lleno de sustancias tóxicas y pobre de solidaridad", dijo. "De este modo, hemos arrojado a la creación la contaminación de nuestro corazón".

Sin embargo, repitiendo algo que Riccardi dijo, el Papa Francisco recordó que "en este clima deteriorado, consuela pensar que las mismas preocupaciones y el mismo compromiso están madurando y convirtiéndose en patrimonio común de tantas religiones".

"La oración y la acción pueden reorientar el curso de la historia. ¡Ánimo!", dijo el Santo Padre.

"Tenemos ante nuestros ojos una visión, que es la misma de numerosos jóvenes y hombres de buena voluntad: la tierra como casa común, habitada por pueblos hermanos", dijo.

El Papa Francisco señaló cómo en el siglo I el Coliseo "fue lugar de brutales entretenimientos de masas: combates entre hombres o entre hombres y animales. Un espectáculo fratricida, un juego mortal hecho con la vida de muchos".

"Hoy se asiste a la violencia y a la guerra, al hermano que mata al hermano como si fuese un juego que miramos desde lejos, indiferentes y convencidos de que nunca nos tocará", dijo el Santo Padre. "El dolor de los otros no nos urge. Y ni siquiera el dolor de los que han caído, de los migrantes, de los niños atrapados en las guerras, privados de la despreocupación de una infancia de juegos".

"Con la vida de los pueblos y de los niños no se puede jugar. No podemos permanecer indiferentes. Por el contrario, es necesario empatizar y reconocer la humanidad común a la que pertenecemos, con sus fatigas, sus luchas y sus fragilidades", insistió.

Hay que "sentir con el otro, hacer propios sus sufrimientos, reconocer su rostro", dijo el Papa. "Esta es la verdadera valentía, la valentía de la compasión, que nos lleva a ir más allá de la vida tranquila, más allá del no es asunto mío".

Al mismo tiempo, el Papa señaló que las religiones también pueden ser parte del problema.

"Les ruego, en nombre de la paz, que en toda tradición religiosa desactivemos la tentación fundamentalista, cualquier insinuación a hacer del hermano un enemigo", dijo. "Mientras muchos están atrapados por antagonismos, por facciones y maniobras partidistas, nosotros hacemos resonar aquel dicho del Imán Alí: 'Las personas son de dos tipos: tus hermanos en la fe o tus semejantes en la humanidad.'"

El Jeque Egipcio Ahmad el-Tayeb, gran imán de Al-Azhar, dijo a las personas reunidas que la pandemia había puesto al descubierto cuán empobrecido se había vuelto el mundo en términos de conciencia y responsabilidad individual.

"Creo que un nuevo llamado es para recordar a la gente sobre la presencia del Dios Altísimo y la necesidad de acercarse nuevamente a él, invocando su misericordia, con la esperanza de detener esta pandemia", dijo el líder musulmán. "No hay otra alternativa o medio que la oración y las invocaciones con un corazón puro y un comportamiento recto".

Al final del encuentro, los líderes religiosos presentes se unieron a un llamamiento, que fue leído por una joven que huyó recientemente de Afganistán.

"Frente al Coliseo, símbolo de grandeza, pero también de sufrimiento, reafirmemos con la fuerza de la fe que el nombre de Dios es paz", dijo.

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© Arlington Catholic Herald 2021