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Peregrinación de Asís con los pobres: Papa pide corazones abiertos

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ASÍS, Italia — Con el báculo y manto de un peregrino, el Papa Francisco entró a la Basílica de Santa María de los Ángeles de Asís, junto a 500 personas desventajadas económica o socialmente, y junto a los voluntarios que caminan con ellos en su diario vivir.

La peregrinación del Santo Padre a Asís el 12 de noviembre fue dedicada totalmente a los pobres, en preparación por la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres del 14 de noviembre.

Una organización benéfica con sede en Francia, Fratello, trajo a 200 peregrinos pobres desde Francia, Polonia, Croacia, Suiza, y España a realizar el viaje. El Centro Astalli del Servicio Jesuita a Refugiados trajo refugiados del Congo, Angola, y Nigeria. Por su parte, la Comunidad de Sant’Egidio trajo a residentes de un refugio para personas sin hogar, ubicado a las afueras de la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Además, voluntarios de Cáritas de la diócesis italiana trajo a cientos de personas con las que trabajan cada día.

Seis de estos peregrinos compartieron sus historias con el Papa Francisco — historias de crímenes y prisión o de drogas y alcohol, historias en las que se vieron forzados a huir de su tierra natal o a vivir en la calle; pero especialmente, historias de fe inquebrantable o recién descubierta, de encontrar una mano amiga, y de aprender a ver el rostro de Cristo en los pobres.

La multitud aplaudía para animar a Sebastián, un español, mientras se esforzaba por no llorar al contar su historia de adicción a las drogas y tiempo en prisión. Dijo haber estado convencido "de que mis pecados no podían ser perdonados porque había hecho tanto mal" hasta que conoció a un sacerdote, quien lo introdujo en el movimiento de renovación carismática.

Qadery Abdul Razaq, un refugiado afgano mayor de edad que había trabajado con el ejército italiano agradeció al gobierno por llevarlo, junto a su esposa, a un lugar seguro y a Cáritas por proporcionarles alojamiento, comida, y ayuda con su reasentamiento.

Sin embargo, él dijo, "les agradecemos sobre todo por tratarnos como a sus padres y no como a niños".

Su voz, como la de Sebastián, se quebró cuando suplicó al Sumo Pontífice y al gobierno italiano que ayudaran a traer a sus hijos adultos a Italia.

Marianna, una viuda rumana de 43 años, le dijo al Papa que llegó a Italia en busca de trabajo, pero se enfermó y ahora depende de sus hijos y, a menudo, de Cáritas para lo que necesita.

"Incluso antes de rezarle a Dios para que me dé salud, le pido que me dé la fuerza para seguir adelante", expresó.

El Papa Francisco abrazó a cada uno de los que compartieron sus historias y agradeció a todos los pobres por "esta experiencia de encuentro y de fe".

También agradeció al jubilado cardenal francés Philippe Barbarin de Lyon, que acompañó a los peregrinos franceses. El cardenal había recibido una sentencia de suspensión por seis meses en marzo del 2019 por no denunciar el abuso por parte de un sacerdote notorio, pero fue absuelto de responsabilidad penal en la apelación.

Pidiendo perdón por haber puesto al cardenal en el centro de atención, el Papa Francisco dijo a la congregación: "Él está entre los pobres. Él también soportó con dignidad la experiencia de la pobreza, el abandono, la desconfianza. Y se defendió con el silencio y

oración. Gracias, Cardenal Barbarin, por su testimonio".

La Basílica de Santa María de los Ángeles está construida alrededor de la Porciúncula, la pequeña capilla donde, según explicó el Papa Francisco, "San Francisco acogió a Santa Clara, a los primeros hermanos, y a muchas personas pobres que acudieron a él".

"Los recibió simplemente como hermanos y hermanas, compartiendo todo con ellos", manifestó el Papa. "Esta es la expresión más evangélica que estamos llamados a hacer nuestra: la hospitalidad", que significa abrir la puerta, "la puerta de nuestra casa y la puerta de nuestro corazón, y permitir que la persona que llama entre y se sienta acogida, no avergonzada".

"Un corazón abierto y una mano extendida" es siempre el primer paso para crear un verdadero encuentro, acotó. También es la forma de experimentar aquella verdad que sostiene que "cada uno de nosotros necesita del otro, y que incluso la debilidad, si se experimenta en conjunto, puede convertirse en una fortaleza que hará que el mundo sea mejor".

Si las personas no aprenden a encontrarse con sinceridad, señaló, "nos dirigiremos hacia un final muy triste".

Para muchas personas, la presencia de los pobres en sus ciudades es "una molestia", indicó. "A veces escuchamos decir que los responsables de la pobreza son los mismos pobres, ¡este es un insulto!

"Para no realizar un serio examen de conciencia sobre las acciones propias, sobre la injusticia de ciertas leyes y medidas económicas, sobre la hipocresía de quienes quieren enriquecerse en exceso, se echa la culpa a los más débiles", señaló el Santo Padre.

"Es hora de que se les devuelva la voz a los pobres", acotó.

"Es hora de abrir los ojos para ver el estado de desigualdad en el que viven muchas familias", insistió el Papa. "Es hora de subirse las mangas para restaurar la dignidad mediante la creación de puestos de trabajo.

"Es hora de escandalizarse una vez más ante la realidad de los niños que mueren de hambre, reducidos a la esclavitud, arrojados al agua después de un naufragio, víctimas inocentes de todo tipo de violencia", dijo el Sumo Pontífice. "Es hora de que cese la violencia contra las mujeres y que sean respetadas y no tratadas como moneda de cambio".

"Es hora de romper el círculo de indiferencia para descubrir una vez más la belleza del encuentro y el diálogo", dijo el Papa Francisco.

Antes de guiar a los pobres en oración, el Papa les agradeció todo el esfuerzo que hicieron para sobrevivir.

"Sobrevivir o aguantar no es una acción pasiva", dijo. Se necesita valentía, fuerza, y perseverancia para encontrar "razones para no rendirse ante las dificultades, sabiendo que no las vivimos solos sino juntos, y que sólo juntos podemos superarlas".

© Arlington Catholic Herald 2021