Fiesta de la Presentación del Señor

Joel de Loera | Director del Apostolado Hispano

People hold up Nativity scene figurines of the baby Jesus for Pope Francis to bless after his recitation of the Angelus prayer in St. Peter’s Square at the Vatican Dec. 17. (CNS photo/Pablo Esparza)

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“Virtudes que todo católico debe imitar”

Malaquίas 3, 1-4; Hebreos 2, 14-18; Lucas 2, 22-40

¡Feliz Fiesta de la Presentación del Señor! Para los que fueron valientes y dejaron sus decoraciones navideñas hasta esta fecha, ¡los felicito! Y para los que celebran esta fiesta comiendo deliciosos tamales, ¡buen provecho! Esta fiesta nos invita a contemplar la profunda obediencia y fidelidad de la Sagrada Familia, la paciencia de Simeón, la perseverancia de Ana y la humildad de Jesucristo, nuestro Señor. Estas son virtudes que todo católico debe imitar.

José y María, cumpliendo con la ley de Moisés, llevaron al niño Jesús al templo para presentarlo al Señor y ofrecer un sacrificio. Este acto es un testimonio de su humildad y obediencia a sus tradiciones religiosas, incluso cuando ellos sabían que su hijo era el Hijo de Dios. Nos muestran que la verdadera fe implica confianza y entrega a la voluntad divina. ¿Será que nosotros también cumplimos fielmente con las enseñanzas de la Iglesia Católica o nos ponemos a seleccionar y justificar cuales si queremos obedecer y cuáles no? 

Por otro lado, Simeón, descrito como un hombre justo y temeroso de Dios, esperaba con paciencia el cumplimiento de las promesas del Señor. Su encuentro con Jesús en el templo, guiado por el Espíritu Santo, lo llevó a proclamar: “Mis ojos han visto a tu Salvador, luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”. Simeón nos enseña a vivir con esperanza activa, aguardando las promesas de Dios con fe. Muchos de nosotros hemos tenido encuentros íntimos y poderosos con Jesus, sin embargo, ¿cuántas veces no hemos dado testimonio de esa luz que alumbra a las naciones a través de nuestro comportamiento? 

Ana, la profetisa, nos brinda un poderoso ejemplo de perseverancia en la oración y el servicio. Viuda desde joven, dedicó su vida a Dios mediante ayunos, oraciones y alabanza constante. Su reconocimiento del Salvador y su proclamación de esta buena noticia a quienes esperaban la redención de Israel subrayan la importancia de vivir una fe ferviente y compartirla con los demás. ¿Cuántas veces en nuestro caminar con el Señor hemos olvidado dejar tiempo para la oración, el ayuno y la alabanza a Dios? ¡No subestimemos el poder de la oración unida al ayuno!

Jesús mismo aceptó someterse a las leyes religiosas y naturales, aun siendo el mismo el Hijo de Dios, mostrando así que su misión era hacerse semejante a la humanidad, excepto en el pecado. Como dice el autor de la carta a los Hebreos, Jesús, al ser probado por el sufrimiento, ahora puede ayudar a los que están sometidos a la prueba. Esta verdad nos llena de esperanza: Jesús camina con nosotros en las alegrías y en las dificultades, fortaleciéndonos y recordándonos que Él comprende nuestras luchas.

Así como Jesús fue presentado en el templo, hoy también somos invitados a presentarnos ante Él como templos del Espíritu Santo (cf. 1 Corintios 6, 19), para que pueda transformarnos en instrumentos de su amor. Que esta fiesta nos inspire a vivir las virtudes de la obediencia, fidelidad, paciencia, perseverancia y humildad para poder proclamar con nuestras vidas que Cristo, el Salvador, es la luz que alumbra todas las naciones.

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